Qué es el colesterol y por qué es importante conocer sus niveles
El colesterol es una sustancia lipídica esencial para el organismo. Se produce principalmente en el hígado y también se incorpora a través de la dieta. Cumple funciones vitales: forma parte de las membranas celulares, participa en la síntesis de hormonas esteroideas, vitamina D y ácidos biliares. Sin embargo, cuando sus niveles en sangre se desequilibran, especialmente si el colesterol LDL (lipoproteína de baja densidad) se eleva, puede acumularse en las paredes arteriales, formando placas que reducen el flujo sanguíneo y aumentan el riesgo de infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y otras enfermedades cardiovasculares. Por esta razón, la tabla de colesterol es una herramienta clínica fundamental para evaluar el perfil lipídico y tomar decisiones preventivas o terapéuticas. Conocer los valores normales permite a las personas entender sus análisis de sangre y adoptar hábitos que mantengan la salud cardiovascular a largo plazo. En esta guía completa se presentan los rangos aceptados por las principales sociedades médicas, se explica cada tipo de colesterol y se ofrecen pautas prácticas para mantener un perfil lipídico adecuado.
Tabla de valores de colesterol en adultos mayores de 20 años
Los niveles de colesterol se miden en miligramos por decilitro (mg/dL) o en milimoles por litro (mmol/L). Las cifras que se muestran a continuación corresponden a las recomendaciones de la Sociedad Brasileña de Cardiología (SBC), la American Heart Association (AHA) y el National Heart, Lung, and Blood Institute (NHLBI). Es importante considerar que los objetivos pueden ser más estrictos en personas con alto riesgo cardiovascular, como aquellas con diabetes, enfermedad coronaria establecida o antecedentes familiares de hipercolesterolemia.

| Tipo de colesterol | Categoría | mg/dL | mmol/L |
|---|---|---|---|
| Colesterol total | Deseable | < 190–200 | < 5,0–5,2 |
| Limítrofe | 200–239 | 5,2–6,2 | |
| Alto | ≥ 240 | ≥ 6,2 | |
| LDL (colesterol malo) | Óptimo | < 100 | < 2,6 |
| Deseable | 100–129 | 2,6–3,3 | |
| Limítrofe | 130–159 | 3,4–4,1 | |
| Alto | 160–189 | 4,1–4,9 | |
| Muy alto | ≥ 190 | ≥ 4,9 | |
| HDL (colesterol bueno) | Deseable en hombres | ≥ 40 | ≥ 1,0 |
| Deseable en mujeres | ≥ 50 | ≥ 1,3 | |
| Ideal en ambos sexos | ≥ 60 | ≥ 1,6 | |
| Triglicéridos | Deseable | < 150 | < 1,7 |
Estos rangos son una referencia general. El médico tratante puede individualizar las metas según el riesgo cardiovascular calculado mediante escalas como el SCORE o el Framingham. Por ejemplo, en pacientes con diabetes o enfermedad cardiovascular establecida, el objetivo de LDL suele ser inferior a 70 mg/dL, e incluso a 55 mg/dL en casos de muy alto riesgo. Asimismo, los niveles de HDL por debajo de 40 mg/dL en hombres y de 50 mg/dL en mujeres se consideran un factor de riesgo independiente.
Desglose de los tipos de colesterol
El colesterol total agrupa todas las fracciones lipídicas. La más relevante por su relación directa con la aterosclerosis es el LDL, conocido como colesterol malo. Este se deposita en la íntima arterial, se oxida y desencadena una respuesta inflamatoria que conduce a la formación de placas. Cuanto más alto es el LDL, mayor es el riesgo de eventos cardiovasculares. Por eso, las guías clínicas, como las de la Sociedad Brasileña de Cardiología, enfatizan la necesidad de mantenerlo por debajo de 100 mg/dL en la población general y en niveles aún más bajos en personas de alto riesgo.

El HDL, o colesterol bueno, actúa como un transportador inverso: recoge el exceso de colesterol de los tejidos y lo lleva al hígado para su eliminación. Por eso, valores elevados de HDL se asocian con protección cardiovascular. Sin embargo, tener un HDL alto no siempre es suficiente si el LDL también es alto; el equilibrio entre ambas fracciones es clave. Los triglicéridos, por su parte, son la principal forma de almacenamiento de energía en el cuerpo. Niveles por encima de 150 mg/dL se relacionan con un mayor riesgo de enfermedad coronaria, especialmente cuando se acompañan de HDL bajo y LDL pequeño y denso. Factores como una dieta rica en carbohidratos refinados, el consumo excesivo de alcohol, el sedentarismo y la obesidad abdominal elevan los triglicéridos. La combinación de triglicéridos altos, HDL bajo y LDL moderadamente elevado se conoce como dislipidemia aterogénica y es frecuente en personas con síndrome metabólico o diabetes tipo 2.
Factores que influyen en los niveles de colesterol
Diversos elementos pueden modificar el perfil lipídico. Algunos no son controlables, como la genética, la edad y el sexo, pero la mayoría depende del estilo de vida. Conocer estos factores ayuda a prevenir desviaciones de la tabla de colesterol.

- Alimentación rica en grasas saturadas (carnes rojas, embutidos, mantequilla, lácteos enteros) y grasas trans (productos procesados, bollería, frituras).
- Exceso de carbohidratos simples y azúcares añadidos, que elevan los triglicéridos.
- Sedentarismo: la inactividad física reduce el HDL y favorece el aumento de LDL y triglicéridos.
- Obesidad, especialmente la grasa visceral.
- Tabaquismo: daña el endotelio vascular y disminuye el HDL.
- Consumo excesivo de alcohol (más de una copa al día en mujeres y dos en hombres) incrementa los triglicéridos.
- Enfermedades como diabetes mal controlada, hipotiroidismo, síndrome nefrótico o enfermedades hepáticas.
- Antecedentes familiares de hipercolesterolemia familiar u otras dislipidemias hereditarias.
- Estrés crónico y falta de sueño: se ha observado que alteran el metabolismo lipídico.
Realizar un perfil lipídico completo al menos una vez cada cinco años a partir de los 20 años permite detectar alteraciones tempranas. Si existen factores de riesgo, como diabetes o hipertensión, el médico puede solicitar análisis con mayor frecuencia.
Cómo interpretar los resultados y cuándo buscar tratamiento
Al recibir los resultados de un análisis de sangre, lo primero es comparar los valores con la tabla de colesterol. Si el colesterol total está en el rango deseable (menos de 200 mg/dL), el LDL por debajo de 100 mg/dL, el HDL en niveles adecuados y los triglicéridos menores de 150 mg/dL, el perfil lipídico se considera óptimo. Sin embargo, cuando el LDL supera los 130 mg/dL o el colesterol total excede los 240 mg/dL, el riesgo cardiovascular se incrementa y se deben tomar medidas. El médico evaluará el riesgo global mediante escalas que incluyen edad, sexo, presión arterial, tabaquismo y presencia de diabetes. Para una interpretación más detallada de los rangos, se puede consultar la tabla de niveles de colesterol del MSD Manuals, que ofrece referencias completas sobre la estratificación del riesgo.

Los casos de LDL muy alto (190 mg/dL o más) suelen indicar una hipercolesterolemia familiar y requieren tratamiento con estatinas de alta intensidad, independientemente de otros factores. Para triglicéridos muy elevados (500 mg/dL o más), el riesgo de pancreatitis aguda es significativo y se necesita intervención farmacológica urgente. En cambio, si el HDL es bajo, el enfoque principal es el cambio de hábitos: ejercicio aeróbico, pérdida de peso y evitar el tabaco. En personas con alto riesgo, los objetivos de LDL pueden ser inferiores a 70 o incluso 55 mg/dL. Es fundamental que el paciente no automedique ni modifique las dosis por su cuenta, sino que siga las indicaciones del profesional de la salud.
Consejos prácticos para mantener un perfil lipídico saludable
Adoptar un estilo de vida cardiosaludable es la base para mantener los valores dentro de la tabla de colesterol deseable. La alimentación debe priorizar grasas insaturadas presentes en el aceite de oliva virgen extra, los frutos secos, el aguacate y el pescado azul (salmón, sardinas, caballa), que aportan ácidos grasos omega-3. Incluir fibra soluble ayuda a reducir el LDL: se encuentra en la avena, la cebada, las legumbres, las manzanas y las berenjenas. Limitar las carnes rojas a una o dos veces por semana y optar por proteínas magras como pollo sin piel, pavo o tofu. Evitar los alimentos ultraprocesados, las bebidas azucaradas y los productos de repostería industrial.

El ejercicio físico regular es uno de los pilares más efectivos para elevar el HDL y bajar los triglicéridos. Se recomienda realizar al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, como caminar a paso rápido, nadar o andar en bicicleta. El entrenamiento de fuerza dos veces por semana también contribuye a mejorar el metabolismo lipídico. Mantener un peso saludable, evitando el exceso de grasa abdominal, tiene un impacto directo en todos los componentes del perfil lipídico. Dejar de fumar produce un aumento rápido del HDL y reduce el riesgo cardiovascular global. El consumo de alcohol debe ser moderado: no más de una copa al día en mujeres y dos en hombres, preferiblemente vino tinto, aunque lo ideal es limitarlo al máximo si hay triglicéridos elevados.
En caso de que las medidas higiénico-dietéticas no sean suficientes, el médico puede recetar estatinas, ezetimiba o fibratos según el tipo de dislipidemia. El cumplimiento del tratamiento y el seguimiento periódico son esenciales para evitar complicaciones. La tabla de colesterol es una guía, pero cada persona necesita un enfoque personalizado.
Referencias
Sociedade Brasileira de Cardiologia (SBC). V Diretriz Brasileira de Dislipidemias e Prevenção da Aterosclerose.
American Heart Association (AHA). Cholesterol Tools and Resources.
MSD Manuals. Níveis de colesterol e risco cardiovascular.
National Heart, Lung, and Blood Institute (NHLBI). High Blood Cholesterol.
Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Cholesterol.





